El perro de Harold Nivenson ha muerto. Sin él, sin los paseos que Harold se obligaba a dar, éste se encierra en casa, una casa que empieza a desmoronarse. A la pérdida de su perro se suma la de su amigo y rival intelectual, Peter Meinenger.
Con una carrera artística que nunca despegó y acabada, Harold se encuentra solo, sin ataduras y sin ganas de vivir.
Reflexiona sobre su carrera como...










