Y entendió que la libertad empieza por no desaparecer.
Leire tiene dieciocho años y una certeza incómoda: para sobrevivir, a veces hay que huir. De su familia, de los silencios heredados, de las heridas que nadie nombra. Cuando Gabriel —intenso, magnético, imprevisible— aparece en su vida, todo se desordena. Él crea arte; ella aprende a sentir sin filtros. Juntos descubren el vértigo del...









