Durante más de tres años, Dominique Lapierre forzó la puerta de los laboratorios de investigación, reconstruyó la caza del sida «el virus más formidable de la historia médica», compartió la embriaguez de los descubridores de los invisibles agentes mortales, revivió la jadeante carrera en pos del primer medicamento eficaz contra el mal y fue testigo del prodigioso impulso de generosidad...
















